domingo, 27 de marzo de 2016

Historias de plagio

Plagio
Me pidieron opinión sobre un presunto plagio: quise negarme pero al final, picada la curiosidad, acabé leyendo los dos originales. Uno me gustó más que el otro, aunque ninguno me entusiasmó pues, a mi entender, había en los dos demasiado recurso al sentimiento fácil y apenas literatura. No encontré plagio, sin embargo. Ambientación en una misma época y alguna idea compartida con distinto desarrollo son meras coincidencias nada más.

Para fundamentar mi juicio, puse como ejemplo a los hermanos Machado, ambos poetas. Manuel y Antonio bebieron de las mismas fuentes e incluso en su juventud colaboraron juntos en algunas obras de creación teatral. Podría afirmarse que sus trayectorias literarias corrieron casi parejas hasta el estallido de la guerra civil española. Entonces sus caminos se bifurcaron para no reencontrarse nunca jamás. Manuel, quien se hallaba en la ciudad de Burgos sublevada, escribió un poema laudatorio al sable del generalísimo que le valió el reconocimiento de los vencedores, mientras que Antonio emprendió con los vencidos republicanos el camino del exilio para acabar muriendo en Colliure (Francia).

Antes de esos desdichados acontecimientos, cada uno de los hermanos había dedicado sus versos a la saeta andaluza. La inspiración fue la misma; el título, también. Incluso alguna estrofa podría intercambiarse de un poema al otro:

I
«Míralo por dónde viene
el mejor de los nacidos...».

Una calle de Sevilla
entre rezos y suspiros...
Largas trompetas de plata.
Túnicas de seda... Cirios,
en hormiguero de estrellas,
festoneando el camino...

El azahar y el incienso
embriagan los sentidos.
Ventana que da a la noche
se ilumina de improviso,
y en ella una voz ―¡saeta!―
canta o llora, que es lo mismo:

«Míralo por dónde viene
el mejor de los nacidos...».

II
Canto llano... Sentimiento
que sin guitarra se canta.
Maravilla
que por acompañamiento
tiene..., la Semana Santa
de Sevilla

Cantar de nuestros cantares,
llanto y oración. Cantar,
salmo y trino.
Entre efluvios de azahares
tan humano y, a la par,
¡tan divino!

Canción del pueblo andaluz:
...de cómo las golondrinas
le quitaban las espinas
al Rey del Cielo en la Cruz.


¿Quién me presta una escalera,
para subir al madero, 
para quitarle los clavos 
a Jesús el Nazareno? 
(Saeta Popular)

¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!

¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
que es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero,
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

El poema de la derecha, el de Antonio, es hoy el más conocido gracias en parte a que lo popularizó Joan Manuel Serrat al cantarlo. Los dos hermanos versificaron también su autorretrato, Manuel al menos en dos poemas, el titulado «Adelfos», que comienza: «Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron / soy de raza mora, vieja amiga del sol, / que todo lo ganaron y todo lo perdieron. / Tengo el alma de nardo del árabe español», y en el titulado «Retrato», que comienza: «Esta es mi cara y esta mi alma: leed. / Unos ojos de hastío y una boca de sed... / Lo demás, nada... Vida... Cosas... Lo que se sabe... / Calaveradas, amoríos... Nada grave. / Un poco de locura, un algo de poesía, / una gota del vino de la melancolía...»; Antonio, al menos en el poema titulado «Retrato», que comienza: «Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, / y un huerto claro donde madura el limonero; / mi juventud, veinte años en tierras de Castilla; / mi historia, algunos casos que recordar no quiero», y en el titulado «Coplas mundanas», que comienza: «Poeta ayer, hoy triste y pobre / filósofo trasnochado, / tengo en monedas de cobre / el oro de ayer cambiado».

Hoy Manuel Machado está casi olvidado mientras que los versos de Antonio durante años y años han ido corriendo de boca en boca y de canción en canción. El prestigio que obtuvo uno en vida durante el franquismo lo consiguió el otro en la muerte llegada la transición a la democracia española. ¿Es uno mucho mejor que el otro? ¿Hubo un poeta original y un plagiario?

Al repasar la obra poética de cada uno, sorprende encontrar tantas similitudes, tantas fuentes compartidas; pareciera que incluso los hermanos se retaban para escribir sobre un mismo tema, ambos peritos en el arte de alumbrar con las palabras. ¿Quién fue y es mejor? Cuestión de gustos. Yo recuerdo de mis años escolares un poema de Manuel Machado llamado «Castilla» y dedicado al Cid cuando lo destierran y nadie le quiere dar cobijo. La estrofa que se repite es la siguiente: «El ciego sol, la sed y la fatiga. / Por la terrible estepa castellana, / al destierro, con doce de los suyos, / polvo sudor y hierro el Cid cabalga». De esos mismos años escolares, me acuerdo también de un poema de Antonio Machado,  titulado «Recuerdo infantil», tal vez porque me veía en él reflejada: «Y todo un coro infantil / va cantando la lección:  /"mil veces ciento, cien mil; /mil veces mil, un millón". / Una tarde parda y fría / de invierno. Los colegiales / estudian. Monotonía / de la lluvia en los cristales».

No creo que hubiera ningún plagio, ninguna mala intención de apropiarse de la creación del otro. ¿Cómo iba a plagiar  alguien capaz de escribir: «Porque ya / una cosa es la poesía / y otra cosa lo que está /grabado en el alma mía... / Grabado, lugar común. /Alma, palabra gastada. / Mía... No sabemos nada. / Todo es conforme y según»? (Manuel Machado).  ¿O quien pudo componer: « Y al cabo, nada os debo; debeisme cuanto he escrito. / A mi trabajo acudo, con mi dinero me pago / el traje que me cubre y la mansión que habito, / el pan que me alimenta y el lecho en donde yago»? (Antonio Machado).

Las fuentes de la literatura (y de la vida) están para beber de ellas. Nadie plagia por saciar su sed y cobrar fuerzas para seguir camino, llegar más lejos. La inspiración nada tiene que ver con la copia. Y, por cierto, recuerdo muy bien lo que escribieron los hermanos Machado, uno y otro, pero ya están borrosos en mi mente los originales en disputa que originaron este texto. Dentro de poco quedará en mi memoria la anécdota del plagio; de su contenido... nada.
 

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