miércoles, 17 de enero de 2018


PRONTUARIO DE ESCRITURA
1. El verbo

1. El verbo
El diccionario de la RAE define la voz ‘prontuario’ en su primera acepción como «resumen o breve anotación de varias cosas a fin de tenerlas presentes cuando se necesiten» y, en la segunda, como «compendio de las reglas de una ciencia o arte». Ambos significados convienen para dar nombre a la tarea que me he propuesto desarrollar a lo largo de este 2018 recién estrenado y hoy inicio: desgranar mes a mes los fundamentos (morfológicos, sintácticos, ortotipográficos, planificatorios) de la buena escritura.
 
¿Y qué entiendo por buena escritura? No se trata de escribir como una buena poeta, una buena ensayista o una buena novelista, pues a ellas se les supone el dominio de la lengua, pero además unas facultades de creación especiales que les permiten superar sus límites y hallar nuevos modos de expresión. No se trata tampoco de escribir como se habla, por más que se destaque en el arte de la oratoria: escribir y hablar son asuntos diferentes, sujeto cada uno a reglas propias. Formulado en pocas palabras, escribirá bien quien, haciendo uso de los instrumentos de la lengua, sea capaz de exponer con corrección, precisión y coherencia todo aquello que quiera o necesite en cualquier circunstancia de la vida, ya sea al compartir una receta de cocina, al redactar un correo electrónico o al componer una tesis doctoral.

La clave es el conocimiento de la lengua, repito. La buena escritura se atiene siempre a una base gramatical. Por ello, este prontuario comienza tratando de la palabra por excelencia, el verbo, la única capaz de constituir por sí misma una oración, puesto que al conjugarse, esto es, al variar de forma para expresar los accidentes gramaticales de tiempo, número, persona, modo y voz, es capaz de incluir en sí el sujeto y el predicado: Comamos. Llovía. Madrugaré. Fue encontrado. Dijisteis que compraríamos. ¿Sabría volver?

Verbos de régimen
Algunos verbos no pueden utilizarse sin una preposición determinada (acordarse de; influir en; atemorizar con); otros aceptan varias (arder en cólera, arder de deseos; calentarse con la disputa, calentarse en la disputa; sincerarse con alguien, sincerarse ante alguien), y también los hay que cambian de significado según la preposición que se emplee: el verbo asegurar(se), por ejemplo, con el sentido de ‘cerciorarse’, rige la preposición de (me aseguré de que había cerrado la puerta), pero no lleva preposición en el sentido de ‘afirmar’ (le aseguré que había cerrado la puerta). Todos los verbos que imponen una preposición determinada se denominan de régimen.

Queísmo/dequeísmo
Cuando un verbo rige las preposiciones de o en y se omiten ante la conjunción que, se incurre en el error denominado queísmo: Se fijó que había un cartel, en lugar de Se fijó en que había un cartel. Me acordé que la conocía, en lugar de Me acordé de que la conocía.
Cuando un verbo no rige la preposición de y se emplea ante la conjunción que, se incurre en el error llamado dequeísmo: Pienso de que todo se solucionará, en lugar de Pienso que todo se solucionará. Había escuchado de que te marchabas, en lugar de Había escuchado que te marchabas.

Un recurso para evitar caer en queísmo o dequeísmo es añadir al verbo los sustantivos algo o eso: si es necesario utilizar una preposición, esa misma es la que regirá en la oración introducida por que; si no es necesaria, tampoco lo será en la oración introducida por que: Se fijó en eso. Me acordé de algo. Pienso eso. Había escuchado algo.

Con el verbo deber se forman dos perífrasis verbales que merecen mención por los errores que ocasionan. Deber + infinitivo expresa siempre obligación: debes ir al médico; debieron haberme esperado. Para manifestar probabilidad o suposición, se ha de emplear deber de + infinitivo: sus abuelos ya deben de haber muerto; esa tienda debe de tener tomates. No obstante, por la extensión de su uso, el Diccionario panhispánico de dudas (RAE y Asociación de Academias de la Lengua Española, 2005) ya recoge y acepta como propio de la lengua culta deber sin preposición con este sentido de hipótesis. Pero deber de para expresar obligación se mantiene como uso incorrecto y propio de la lengua vulgar.


Verbos unipersonales o impersonales
Se denominan de este modo los verbos que atañen a fenómenos atmosféricos o de la naturaleza y se utilizan solo en tercera persona del singular: ha escampado, escampaba, escamparía; anochezca, había anochecido, anocheciera. Asimismo, cumplen esta función de impersonales o unipersonales en tercera persona del singular los verbos haber (hay algunos cuadros); hacer (hacía tres meses de eso); bastar (bastará con un par de besos); o sobrar (con esas sillas sobra). Ha de tenerse presente que los verbos haber y hacer usados como impersonales no llevan nunca sujeto, sino complemento directo. Por tanto, no pueden concordar en número y persona con ningún grupo nominal, nombre o pronombre de la oración, ni siquiera cuando se trate de perífrasis verbales: Hubo muchos incendios en Galicia (y no hubieron). Habrá quienes sostengan otra cosa (y no habrán). Tal vez haya más rebajas (y no hayan). En invierno suele hacer días nublados (y no suelen hacer). Puede haber muchas sorpresas (y no pueden haber). Debe de haber más de cien poetas (y no deben de haber). Va a haber muchos recortes (y no van a haber). 

No obstante, estos verbos ‘de la naturaleza’ admiten otras personas gramaticales distintas de la tercera cuando asumen un sentido metafórico: llovieron improperios; amanecí cansada; Jorge  tronó sus amenazas. Por su parte, bastar y sobrar también aceptan construcciones personales: bastarán dos rosas; esos insultos sobran.

Formas no personales 
Las formas no personales del verbo son el infinitivo, que se define como un sustantivo verbal; el gerundio, que se define como un adverbio verbal; y el participio, que se define como un adjetivo verbal. Los tres comparten la incapacidad de expresar por sí mismos el tiempo en que ocurre la acción, que debe deducirse por el verbo conjugado de la oración en que aparezcan o por los adverbios que los acompañen. Cuando se presentan en construcciones absolutas, expresan un juicio lógico completo: Al ascender la luna, el mar pareció de plata (construcción absoluta de infinitivo). Aun conociendo las consecuencias, no quise darme por vencido (construcción absoluta de gerundio). Apurada la copa de vino, pidió un café solo (construcción absoluta de participio). 

Infinitivo con valor de imperativo
Aunque este uso se va extendiendo tanto en la lengua hablada como escrita, solo es aceptable en los supuestos siguientes: 1) Cuando al infinitivo le precede la preposición a: A dormir, niños. He dicho que a callar. 2) Cuando se trata de órdenes impersonales o generalizadas, esto es, cuando no existe un interlocutor concreto, como ocurre en las instrucciones sobre montaje de un mueble o en recetas de cocina: Girar a la derecha. Empujar/tirar. Apretar el botón. En el resto de los usos, las formas de infinitivo por imperativo siempre son incorrectas. Debe elegirse la -d, marca del imperativo, en lugar de la -r, marca del infinitivo: Salid despacio, niñas (y no salir); decidme qué queréis (y no decirme qué queréis); mirad qué foto (y no mirar qué foto). 

Infinitivo de generalización
Se trata de una construcción en la que aparece el infinitivo como verbo principal sin el apoyo de ningún otro verbo y sin que forme parte de una perífrasis verbal. Suele emplearse con ‘verbos de decir’  o similares: Ante todo, decir que agradezco la invitación. Nunca es un uso correcto: se ha de cambiar tanto en el habla como en la escritura: Quiero decir; he de decir; me gustaría decir. Otros ejemplos: Como conclusión, señalar que…; añadir, para terminar, que...; en la información deportiva, destacar que... Es necesario incluir siempre un verbo conjugado: Como conclusión, se debe señalar que…; añadamos, para terminar, que…; en la información deportiva hay que destacar que…

En «Los usos del infinitivo» e «Imperativo, infinitivo y un caldillo de espárragos» se explora en mayor extensión esta forma no personal del verbo.

Toca ahora hablar del gerundio, la forma no personal del verbo que más detractores congrega. Por desconocimiento, hay incluso quienes aconsejan evitarlo a toda costa, cuando a menudo es la mejor opción para expresar con precisión lo que se desea. Vine corriendo; estaba ayudando a su madre; cómo se viene la muerte tan callando; había una cabaña cruzando el río; ¿es de Murillo la pintura Niños comiendo melón?: todos estos enunciados son ejemplos de gerundios necesarios y acertados. Como ya se ha señalado, las funciones del gerundio se asemejan a las que cumple un adverbio y sus modalidades principales son tres, con algunas subdivisiones: en oración independiente, también llamado gerundio perifrástico (El niño pasó cantando toda la mañana); en construcción absoluta (Estando yo presente, no se atreverán a atacarte); y en oración subordinada o construcción conjunta (Juan avanzaba levantando los brazos).

Por su frecuencia en nuestra lengua, de todas las perífrasis de gerundio destaca la formada con el verbo auxiliar estar que, en general, enuncia una situación ya comenzada pero no concluida en presente, pasado o futuro: Está descansando. El jueves por la mañana ya estaré viajando. Cuando avisaron, yo ya estaba durmiendo. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que en ciertos usos de la perífrasis estar más gerundio se evidencian calcos del inglés, cuyo presente continuo tiene un empleo mucho más extenso que el admitido en español: Te estoy escribiendo para informarte de mi próxima llegada, frente a la utilización en buen español de presente (Te escribo para comunicarte), pues es una acción que no se puede estar haciendo, sino que se hace. Por correo electrónico le estoy enviando mis últimas fotos, frente al empleo en buen español del pretérito perfecto si ya se ha hecho el envío (le he enviado); la perífrasis verbal ir más infinitivo si todavía no se ha hecho el envío (le voy a enviar); o un futuro simple si se desea añadir la fecha exacta (el jueves próximo le enviaré).

Puesto que en este mismo blog ya existe una entrada titulada «Los usos del gerundio», remito a su lectura para ahondar en esta forma no personal del verbo.


Usos vetados del gerundio


Gerundio de posterioridad
Se presenta en oraciones cuya unión podría ser copulativa (y) para expresar una acción que es posterior a la del verbo principal: La avioneta se precipitó al mar, muriendo sus ocupantes (y murieron sus ocupantes). Mi hija ingresó en la Escuela Diplomática, graduándose cuatro años después (y se graduó cuatro años después). Se considera incorrecto porque el gerundio ha de indicar siempre coincidencia de tiempo o tiempo inmediatamente anterior a la acción del verbo principal. Sin embargo, sí parece ya aceptable el gerundio de posterioridad inmediata o consecuencia directa de la acción principal: La ofensiva aérea destruyó el campamento, provocando la evacuación de los refugiados (pero también: lo que provocó…). Salió de la casa dando un portazo: se considera correcto el gerundio porque salir y dar un portazo se sienten como acciones simultáneas.

Gerundio especificativo
No es admisible su uso referido al sujeto ni al complemento directo, puesto que al particularizar a uno o a otro, el gerundio pierde su cualidad verbal y se convierte en adjetivo. No son correctos, por tanto, enunciados como los siguientes: Llego un cargamento de cocos escondiendo droga (gerundio especificativo del sujeto); El Parlamento aprobó la ley regulando los préstamos hipotecarios (gerundio especificativo del complemento directo). En ambos supuestos se debe utilizar una oración de relativo: Llegó un cargamento de cocos que escondía droga. El Parlamento aprobó la ley que regula los préstamos hipotecarios.

Además, el gerundio ha de expresar una acción, transformación o cambio en trascurso perceptible y no una cualidad, estado o acción tan lenta que el cambio que produzca se asemeje, por imperceptible, a una cualidad. Por ello, no es apropiado escribir: Mira ese almendro floreciendo (que florece). Se busca arquitecta sabiendo inglés (que sepa inglés). Se solicita traductora teniendo cinco años de experiencia (con cinco años de experiencia; que tenga cinco años de experiencia). Estudios anteriores han detectado que en una de cada diez mamografías los resultados se han interpretado como positivos, siendo que la mujer no necesariamente tiene cáncer de mama (cuando la mujer no necesariamente tiene cáncer de mama).

Gerundio con valor partitivo
En la lengua española, no es propio del gerundio modificar una parte separándola del todo, por lo cual este uso del gerundio nunca es aceptable: Hay oportunidades en muchos sectores, siendo uno de ellos los servicios (lo correcto sería uno de los cuales son los servicios). Han aumentado los casos de gripe en la población española, siendo los más afectados los ancianos (lo correcto sería y los más afectados son los ancianos). La orientación es distinta para cada estribo, siendo de siete grados para el derecho y de 17 para el izquierdo (lo correcto sería recurrir a los dos puntos y suprimir el gerundio: de siete grados para el derecho y de 17 para el izquierdo). Este uso partitivo del gerundio en español a menudo es resultado de una mala traducción del inglés.

El participio, la tercera de las formas no personales del verbo —equiparable a un adjetivo—, se diferencia de las otras dos en que posee género y número: abierto/abiertos; abierta/abiertas. La terminación -do caracteriza a los participios regulares, pero abundan los verbos que presentan un participio irregular con diferente terminación (por ejemplo, deponer, depuesto; escribir, escrito; exponer, expuesto; volver, vuelto).  La larga lista de verbos con doble participio, uno regular y otro irregular, ha quedado reducida a tres: freír (freído y frito); imprimir (imprimido e impreso); proveer (proveído y provisto). Todos los restantes participios irregulares de los demás verbos se consideran ahora adjetivos, bien porque la forma regular ya no se emplea (como en el caso de rompido), o bien porque la forma irregular se utiliza siempre como adjetivo (como en el caso de confuso). Por tanto, para formar cualquier tiempo compuesto o la voz pasiva, se ha de utilizar el único participio que ahora existe: tomando el verbo propender, por ejemplo, escribiríamos siempre hemos propendido (participio) a la melancolía o somos propensos (adjetivo) a la melancolía. Con el verbo confesar construiríamos lo ha confesado (participio) todo  y es un corrupto confeso (adjetivo).

Se ofrece un análisis más detallado sobre el participio en  «Los usos del participio».

Modos
El español actual cuenta con tres modos verbales: indicativo, subjuntivo e imperativo, que sirven para poner de manifiesto la actitud de quien se expresa hacia lo expresado: Laura responderá mañana (futuro de indicativo). No creo que Laura responda mañana (presente de subjuntivo). Laura, responde mañana (imperativo). En las tres oraciones, el verbo responder tiene el mismo significado, pero enunciado desde perspectivas diferentes. Laura es el sujeto en las dos primeras oraciones y vocativo en la última (por tanto, aparece separado del verbo por una coma). En líneas generales, el indicativo expresa la realidad tal como la concibe quien lo emplea, tanto si atañe al presente, al pasado o al futuro. El subjuntivo se adentra en lo subjetivo para enunciar lo irreal, lo hipotético, una conjetura en cualquier tiempo que se desee. El imperativo, por último, formula una advertencia, una amenaza o un mandato, si bien en ocasiones se suaviza hasta convertirse en ruego o súplica: ¡Ten misericordia de mí! El sujeto del imperativo ha de ser siempre la persona a quien se dirige: la segunda gramatical, por lo cual no presenta más que dos personas (segunda del singular y del plural) en lugar de las seis que tienen todos los tiempos verbales. Por su naturaleza, el imperativo tampoco permite otro momento de acción que no sea el presente, aunque se puede proyectar hacia el futuro mediante los complementos que lo acompañen: Contéstame ahora. Contéstame en una semana. Algunos gramáticos consideran una forma imperativa del pasado la constituida por el infinitivo del verbo auxiliar haber más el verbo elegido: Haber llegado antes. Haberlo dicho.

En «Sobre el modo subjuntivo en español» e «Imperativo, infinitivo y un caldillo de espárragos» se ofrece un análisis detallado de sus respectivos usos.  

Voces
La voz es el accidente gramatical que determina si el sujeto del verbo ejecuta la acción (sujeto agente) o la recibe (sujeto paciente). La voz activa es la manera natural de hablar y escribir en español, recurriendo a cualquier tiempo verbal: La editorial publicará sus libros. Inés había recogido la citación. Todos mis enemigos me han criticado. Sin embargo, cuando por algún motivo se precisa que la atención recaiga sobre el complemento directo y no sobre el sujeto, esas mismas oraciones se pueden construir en voz pasiva: Sus libros serán publicados por la editorial. La citación había sido recogida por Inés. He sido criticado por todos mis enemigos. La pasiva es el instrumento empleado para enunciar que en un sujeto se realiza algo, que a ese sujeto le sucede algo o que soporta algo, y en ninguno de los casos es necesario nombrar al causante. A veces, el desconocimiento del agente por parte de quien se expresa, o su voluntad de omitirlo, es lo que provocan el uso de la pasiva: Sus libros serán publicados. La citación había sido recogida. He sido criticado. Pero no todos los verbos pueden utilizarse en pasiva: solo los transitivos. No hay manera de pasar a voz pasiva, por ejemplo,  ayer se había levantado tarde.

La simple pasiva (segunda de pasiva) es más habitual en español que la extendida (primera de pasiva) con mención del agente, aunque lo cierto es que, en líneas generales, nuestra lengua muestra una marcada preferencia por las construcciones en activa. Por eso nos suenan extraños y forzados textos traducidos del inglés o el francés en los que se han conservado las voces pasivas originales y aparecen oraciones como fue combatida la idea; me fue dicho que acudiera, en lugar de se combatió la idea o me dijeron que acudiera: las frases están bien construidas desde la perspectiva gramatical, pero no desde el punto de vista estilístico.

En la actualidad, la forma pasiva ha ido cediendo el paso a la activa impersonal (nos dijeron que viniste ayer) y la pasiva refleja con se (se escuchaba la conversación). Su nombre de ‘refleja’ indica que la acción del verbo recae sobre el sujeto. En los enunciados el huerto se anegó por la crecida o los zapatos se mojaron por la lluvia, los sujetos huerto y zapatos no producen la acción, sino que la sufren. Estas oraciones equivalen a el huerto fue anegado por la crecida y los zapatos fueron mojados por la lluvia. A medida que avanza la pasiva refleja, el pronombre se de tercera persona deja de ser reflexivo para convertirse en mero signo de pasiva.

Las oraciones en pasiva refleja también pueden ser primeras o segundas, según expliciten o no al agente: Se entreveía su rostro detrás del velo (segunda de pasiva); se aprobó su nombramiento por todos los diputados (primera de pasiva).

¿Pasiva refleja o impersonal? 
El hecho de que para construir oraciones de pasiva refleja solo sea posible emplear la tercera persona y de que en su forma más usual el sujeto vaya detrás del predicado propicia que a veces se perciban como impersonales, y el sujeto, como complemento. Así, frente a la oración tradicional en pasiva refleja se hacen paellas por encargo, se lee y escucha cada vez más se hace paellas por encargo. La primera es la que recomiendan las gramáticas y la que predomina en la lengua literaria. El mismo criterio es aplicable cuando la pasiva refleja se enuncia mediante una perífrasis verbal (poder, querer, deber  + infinitivo): se pueden hacer paellas por encargo; se quieren hacer paellas por encargo; se deben hacer paellas por encargo. La confusión no existe en singular, donde ambas formas (impersonal y pasiva refleja) coinciden.

Verbos irregulares y defectivos
Los primeros son los que al conjugarse se apartan en la raíz o la desinencia de la norma que corresponde a su grupo (terminados en -ar, -er o -ir). En general, no ofrece dificultad para los hispanohablantes la conjugación de verbos irregulares tan habituales como haber (he; ha; hubo; habrá; hubiera; habido), estar (estoy; estuve), hacer (hago; hizo, hará; hecho), dar (dé; dio; diera), caer (caigo; caes; cayera; caído), decir (digo; dijo; diremos; dicho), traer (traigo; trajo; trayera; traído), tener (tengo; tuve; tendré), ser (soy; fui; fuera; sido) o ir (voy; fui; fuera o fuese; yendo). Se aprecia tendencia al error, sin embargo, en el uso de otros verbos irregulares también comunes: el pretérito indefinido de andar es anduve (y no andé); anduvimos (y no andamos), al igual que el pretérito imperfecto de subjuntivo es anduviera o anduviese (y no andara o andase). Muy vulgar es el uso de cabió, cabieron como pretérito indefinido del verbo caber en lugar de las formas cupo, cupieron, así como del imperfecto de subjuntivo cabiera o cabiese en lugar de cupiera o cupiese. El verbo prever no debe confundirse con proveer y sigue siempre la misma conjugación que ver: previendo (y no preveyendo); previera (y no preveyera); preveré (y no preveeré), etc.  El pretérito indefinido del verbo satisfacer es satisfizo (y no satisfació); el futuro imperfecto, satisfaré (y no satisfaceré); el condicional, satisfaría (y no satisfacería), y el pretérito imperfecto de subjuntivo, satisficiera o satisficiese (y no satisfaciera o satisfaciese). En el caso del verbo yacer, son igual de correctas las formas yazco y yazgo  para la primera persona del presente de indicativo. En la norma culta, los verbos adecuar, evacuar y licuar siguen para su acentuación la conjugación de averiguar y, por tanto, no se escriben con tilde en las formas de presente: adecuo, adecuas, adecuan, adecue; evacuo, evacuas, evacua, evacuan, evacue; licuo, licuas, licua, licuan, licue. Sin embargo, el Diccionario panhispánico de dudas ya acepta también las formas acentuadas por estar muy extendidas: adecúo, adecúas, adecúan, adecúe; evacúo, evacúas, evacúa, evacúe; licúo, licúas, licúa, licúan, licúe.

Los verbos derivados de otros irregulares se rigen por su misma conjugación y se atienen a las normas ortográficas. Por tanto, antever, prever y entrever se escriben con tilde en la primera y tercera persona del singular del pretérito imperfecto de indicativo: preví, anteví, entreví; antevió, previó, entrevió (recuérdese que vio no se escribe con tilde por ser monosilábico). Los verbos convenir y contravenir se conjugan como venir; aliquebrar se conjuga como quebrar; atraer, como traer; decaer, como caer; rehuir, como huir; deponer, como poner; antedecir, contradecir y desdecir, como decir; deshacer y rehacer, como hacer; entreoír, como oír. En el caso de los verbos gloriarse y vanagloriarse, el primero emplea más la forma glorío que glorio, mientras que el segundo utiliza solo vanaglorio.

Las formas repuse, repuso, repusieron son irregulares y pertenecen a dos verbos distintos pero de significado semejante: responder  y reponer (en la tercera acepción del DRAE, ‘responder’, ‘replicar’). Son las formas cultas del primero y conviven con las regulares más frecuentes respondí, respondió, respondieron, mientras que son las únicas de reponer en todas  sus acepciones.

Para terminar, se denominan ‘defectivos’ los verbos de los que solo se emplean algunas formas de la conjugación debido a su significado especial o a su dificultad de pronunciación. Algunos designan una noción que solo puede predicarse a sujetos explícitos de cosa y, por tanto, son terciopersonales: atañer, concernir, acontecer o acaecer. El verbo soler pocas veces aparece fuera de perífrasis con infinitivo en presente (suelo) o pretérito imperfecto y perfecto (solían; he solido).

En algunos de estos verbos se cambia de conjugación para lograr la regularidad. Así, en lugar de garantir (utilizado todavía en el español americano: garanto), se prefiere garantizar; en lugar de balbucir (balbucí, balbuciera), se recurre a balbucear. Aunque matar es un verbo regular, tiene una particularidad que lo habilita para aparecer en este apartado: a veces, en lugar de usar su propio participio (matado), se recurre al del verbo morir (muerto), sobre todo en la voz pasiva o cuando el participio actúa como predicado nominal: En los últimos combates fueron muertos (o resultaron muertos) varios soldados de los nuestros.



La lengua destrabada
Si te interesan los asuntos de lengua y escritura, te invito a leer La lengua destrabada. Manual de escritura, publicado por Marcial Pons (Madrid, 2017). Clica en este enlace para entrar en la página de la editorial, donde encontrarás la presentación del libro y este pdf, que recoge las páginas preliminares, el índice y la introducción completa.  

  








miércoles, 20 de diciembre de 2017

Armada de letras

La lengua destrabada. Manual de escritura
Escribimos para expresar lo que hay, lo que hubo o lo que podría haber, y lo hacemos nombrando, describiendo, argumentando, fabulando… Escribimos para comprender y para darnos a entender. Parece fácil. Se diría que, igual que aprendimos a hablar, aprendemos a escribir. Quién no ha recitado en la infancia el sonsonete del abecedario ni se ha imaginado la armada de letras desfilando con características humanas: la osada a siempre al frente, la z serpentina del final y, entre ellas, el batallón en marcha en el que no falta la c de mi nombre, la f que bufa, la oronda g y la j flaca,  la mudita h, a menudo olvidada, la m maternal y la n que la envidia, la p de los disparos, la r de los motores o la t que toca el tambor…

Al comienzo, escribir  suele ser algo tan divertido como un juego. Apenas cuesta delimitar los contornos de las palabras conocidas y aprender a separarlas: casa, mesa, lápiz, sol, cohete. Escribir cantidades con letras exige más esfuerzo: veintiséis mil novecientos treinta y seis euros con cincuenta y dos céntimos. Y qué decir de las preposiciones y los artículos: la maleta de la abuela, pero la maleta del abuelo. Más adelante, cuando el juego se ha prolongado lo suficiente a lo largo del tiempo, comenzamos a percibir las sutilezas del asunto y surgen dudas. ¿Escribiremos, por ejemplo, la mano con la que te sujeto o la mano con que te sujeto? ¿Por qué escribimos la ciudad de Guadalajara, pero el río Ebro; Miranda de Ebro o Alcalá de Henares, pero Medina del Campo o Santa Clara del Cobre? Cuanto más ahondamos en la escritura, más lejos queda el juego inocente de los primeros años: ¿En este bar se pueden comer paellas o se puede comer paellas? ¿El proyecto está siendo analizado por onceava vez o el proyecto se está analizando por undécima vez? ¿Amado por todos o amado de todos? ¿Ven que te peino o ven que te peine? ¿Cuanto más mentiras dices o cuantas más mentiras dices? ¿Debo entregarlo cuando más en dos días o debo entregarlo cuanto más en dos días? ¿Escribiremos Si te gustaría llegar a escritora, lee o si quieres llegar a escritora, lee? Las reglas nos constriñen. Pero también dan alas. Han ido surgiendo a lo largo de los siglos de habla y escritura. Separan el polvo de la paja. Contribuyen al buen entendimiento. ¿Siempre? No. ¿Nunca? Tampoco.

La palabra es la flecha que se dirige a su blanco. Unas palabras llaman a otras. Incitan su presencia. Provocan estructuras. Hay un orden, que no es único. Escribiremos Miedo me da que separarnos pretendan o me da miedo que pretendan separarnos; Duerme mi gato más de lo habitual últimamente o últimamente mi gato duerme más de lo habitual. Los hipérbatos contribuyen a que, por su posición, unas palabras reciban mayor luz que otras con fines estilísticos. Pero ciertos ordenamientos son disruptivos y provocan ambigüedades: Primera muestra del Ayuntamiento de seres venenosos y no Primera muestra de seres venenosos del Ayuntamiento. O, dependiendo de lo que se pretenda expresar, Juan dice continuamente que no fuma o Juan dice que no fuma continuamente. Sentido y estilo determinan el orden más armónico para el desfile de las palabras según los objetivos pretendidos. Y casi siempre hay más de un modo de expresión: Si lo hubiera sabido, te habría llamado o te habría llamado de haberlo sabido.

¿Por qué algunas palabras se escriben con tilde y otras no? ¿Por qué escribimos Restaurante Robledo y no «Restaurante Robledo»?; ¿un Mercedes automático y no un Mercedes automático? Existen reglas de acentuación, de puntuación y de uso de los distintos estilos de letra que han ido evolucionando a lo largo de los siglos y que en la actualidad se recogen en la ortotipografía. Esta disciplina permite, por ejemplo, que solo por cómo está escrito, sepamos que La historia escrita en el cielo es el título de una novela, mientras que «El llanto de las sibilas» es el título de uno de sus capítulos.
   
La escritura, como el movimiento, se demuestra escribiendo. Y, mientras se escribe, se va haciendo camino. Las musas no llegan por arte de magia a dirigirnos la mano si no nos encuentran escribiendo. Es preciso perseverar. Dedicar tiempo a pensar, a planificar, a establecer un esbozo: como ya advirtió Flaubert, los textos no se conciben como los hijos, en un único acto creador,  sino como las pirámides, elevando grandes bloques, unos sobre otros, según un diseño meditado, a fuerza de riñones, tiempo y sudor, corrigiendo una y otra vez.

Al escribir, moldeamos experiencias, elegimos una voz narradora y dotamos de ritmo a la temporalidad, generando orden donde había caos y una interpretación para lo ininteligible; a veces, incluso, trasmutando lo que parecía insignificante en trascendental. Somos la araña que teje su tela desde dentro de su ser, con su propio cuerpo: escribimos con lo que somos. Hacemos y nos hacemos cuando recurrimos a nuestra preciosa armada de letras. Debemos mantenerla a punto, actualizada, para entender cuando leemos y que nos entiendan cuando escribimos. 
  
Así, armada de letras, deseo para el año 2018, todavía por llegar, armonía, paz y alegría.


Felices fiestas

Enlaces


Presentación  en el marco de la FIL de La lengua destrabada. Manual de escritura  (Madrid, Marcial Pons, 2017).


Prolegómenos, índice e introducción de La lengua destrabada. Manual de escritura.


Página Web de Marcial Pons.



martes, 12 de diciembre de 2017

Caminando entre libros: Un paseo aleatorio por la FIL 2017


No habían parado de advertírnoslo y, pese a ello, cuando llegué por primera vez a la explanada de entrada, provista del gafete que me acreditaba como invitada especial y me abría paso entre la multitud, me sobrecogió el enorme tamaño de la Feria del Libro de Guadalajara (México). Este año 2017, Madrid era la invitada de honor durante el encuentro literario más trascendente del mundo de habla hispana y había elegido como presentación  el sugerente lema «Ganarás la luz», que es el título de un poemario donde León Felipe, poeta de la Generación del 27 exiliado en México, sintetiza su obra: «He escrito en las sombras. Con una simple musiquilla de retreta alguna vez, pero abriendo bien las puertas y las ventanas para que entre el  milagro a caballo del sol» (Ganarás la luz, Madrid, Visor, 1981, p. 165). En la ceremonia de inauguración de la Feria, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, además de señalar la vocación de acogida de la ciudad, habló de la importancia de los libros para ganar esa luz y del papel de México en nuestros años oscuros para seguir publicando y hacernos llegar aquellos textos que en la malhadada piel de toro estaban prohibidos bajo la dictadura. El pabellón redondo, todo blanco por dentro, exponía lo que Madrid puede ofrecer a quien quiera visitarla e invitaba a conversar… Pero aunque situado en lugar privilegiado para ser encontrado a primera vista, como un faro, el pabellón madrileño se me antojó una ligera gota de lluvia en un mar de letras, poblado por editoriales grandes y chiquitas, venidas de cualquier lugar del globo.

Se comentaba que recorrían las avenidas y calles de la Feria los buscadores de talentos, entablando negociaciones que harían visibles a futuros escritores bestsellers y long sellers, o volverían ricos a editores sacrificados. No obstante, eso no es lo más significativo de un acontecimiento editorial portentoso que viene repitiéndose año tras año: lo que de verdad cuenta y asombra es que un bien tan antiguo, el libro de hojas pasajeras al que tantas veces se ha dado por muerto, sea capaz de congregar a su alrededor multitudes semejantes. ¿Serían ávidas lectoras todas las personas de diferentes edades y condiciones que paseaban, se encontraban, conversaban, asistían a presentaciones y formaban colas para firmas de autores, conocidos y por conocer, un día tras otro mientras duró la Feria?

Mi editorial ocupaba el puesto M-24, y allí asistí el primer día de mi llegada, cuando la Feria todavía no estaba abierta al público en general, a la apertura de las cajas, enviadas desde Madrid, que contenían los ejemplares de La lengua destrabada. Manual de escritura. Colocados en sus estantes y montones, como la inmensa cantidad de libros ―millones y millones― expuestos en la Feria, percibí claramente el milagro que supondría conseguir que cualquiera de ellos se vendiera y acabara en unas manos interesadas, lectoras.  Porque un libro no está completo hasta que no es leído. Eso lo sabemos bien los que nos dedicamos a este oficio.

Es tan inmensa la Feria y tanto lo que se puede hacer, que desde el comienzo recomiendan estudiar el extenso programa y fijar una agenda de imprescindibles. Yo lo intenté, pero me perdí demasiadas oportunidades porque coincidían en horario o yo tenía actividades propias que desarrollar. Como bienvenida, asistí a la función de un balé folclórico espléndido en un auditorio oloroso a la madera que lo adorna perteneciente a la Universidad de Guadalajara. En los días sucesivos participé en mesas, reuniones, comidas y cócteles, todo perfectamente programado y desarrollado, en los que fui conociendo a escritores, académicos y estudiantes con los que compartí ideas y de los que aprendí cuanto fui capaz. Me hicieron el honor de presentar La lengua destrabada dos profesores del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, Luz Eugenia Aguilar y Daniel Barragán: de su minuciosa lectura y sus comentarios, destaco ante todo su consideración de que se trata de un texto de carácter panhispánico que recoge las diversas variantes de la lengua común en la que tantos millones de personas a lo ancho del mundo nos entendemos, sea hablando o escribiendo.

He vuelto a casa con la maleta abultada de libros a los que no me pude resistir: cito de ellos el nuevo poemario de Carmen Villoro, titulado Liquidámbar (Mantis Editores), y una preciosa edición del Fondo de Cultura Económica de Mujer que sabe latín…, donde se reúnen artículos y ensayos de Rosario Castellanos dedicados a la mujer escritora. Los puntos suspensivos del título esconden el final de este refrán que tal vez se vaya olvidando: «ni encuentra marido ni llega a buen fin». También traigo de allende los mares una lista de pendientes por leer que espero conseguir aquende: libros de Margo Glantz, que se declara absolutamente autorreferencial; novelas mucho más que negras de Elmer Mendoza; y esas obras de Emmanuel Carrère, ganador este año del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, que al parecer son difíciles de encuadrar en un género literario porque mezclan novela y no ficción… 

Durante la presentación de La lengua destrabada, me dijeron la siguiente adivinanza: «El campo es blanco; la semilla, negra: dos ojos la miran y una mano la siembra». El campo blanco es la página; la semilla negra, la letra: la mano que la siembra es el escritor y los ojos que la miran son los del lector que terminan la tarea. Porque, como también señaló Daniel Barragán en su memorable comentario de La lengua destrabada, «leer es recoger con los ojos lo que la mano siembra». Una labor compartida.

Ojalá los buenos libros sigan siendo la semilla que nos alimente. Ojalá la FIL siga siendo su exitoso escaparate por muchos años.  






Enlaces

Presentación  en el marco de la FIL de La lengua destrabada. Manual de escritura  (Marcial Pons, 2017)

Vídeo en Facebook: Respuesta a la presentación de La lengua destrabada. Manual de escritura

Prolegómenos, índice e introducción de La lengua destrabada. Manual de escritura

Página Web de Marcial Pons




martes, 7 de noviembre de 2017

Sobre el modo subjuntivo en español

modo subjuntivo
Un titular leído en un periódico me coloca ante la pantalla en blanco del ordenador para escribir sobre el uso del subjuntivo que, junto con el indicativo y el imperativo, son los tres modos verbales distinguibles en nuestra lengua castellana según el consenso actual de los gramáticos. ‘Modo’ es la categoría gramatical que, en la conjugación verbal, informa sobre la actitud de quien se expresa hacia lo expresado. 

El titular de periódico en cuestión es el siguiente: «Eduardo Mendoza lamenta que la situación catalana “es un lío que por fuerza tiene que acabar mal”». No, no hay ningún verbo conjugado en modo subjuntivo en este enunciado, pero ¿debería haberlo?

En líneas generales, el subjuntivo se describe como el modo de la no realidad, de la incertidumbre, de la subjetividad, de lo futurible, frente al indicativo, que es el modo propio de la realidad, de la certeza, de lo objetivo, de lo actual o lo seguro.

En oraciones independientes, se usa el verbo en subjuntivo cuando van introducidas por un elemento (conjunción, locución conjuntiva: que, si, con tal que…) que dé a entender un verbo principal elidido: Que duermas bien. Si yo te contara. Con tal que me admitan.... También aparece el modo subjuntivo cuando el introductor de una oración independiente es el adverbio de deseo ojalá: Ojalá se acabe pronto la sequía. En el caso de otros adverbios de posibilidad como quizá, tal vez, posiblemente, seguramente…, puede aparecer el verbo en modo subjuntivo (Quizá vayamos a bailar. Tal vez lleguemos tarde. Posiblemente nieve), pero también en modo indicativo y tiempo futuro (Quizá iremos a bailar. Tal vez llegaremos tarde. Posiblemente nevará). Cuando estos últimos adverbios se colocan detrás del verbo, el modo siempre es indicativo, sea futuro imperfecto o perfecto: Habrá nevado posiblemente. Iremos a bailar tal vez. Habremos llegado tarde quizá. Hay además adverbios de duda o probabilidad que exigen siempre el verbo en modo indicativo, sea en presente, futuro o pasado, como a lo mejor  y el coloquial igual empleado en España: A lo mejor tiene hambre. Igual no te habrá conocido. A lo mejor fueron al cine.

Con el modo subjuntivo se construyen las formas negativas del imperativo (No comas deprisa. No viajen a Roma. No terminemos aún la reunión) y el resto de personas que no son la segunda de tuteo (tú; vosotros): Vaya usted a esa oficina. Vuelvan ustedes mañana. Salgamos de la casa todos juntos. También utilizan verbo en modo subjuntivo oraciones que son fórmulas sociales de deseo, a veces negativo: Que te mejores. Maldito sea su nombre. Descanse en paz. Allá se las componga él solo. Hágase su voluntad. Así se te seque la boca. Asimismo, utilizan siempre el verbo en modo subjuntivo las construcciones duplicadas mediante las cuales se expresa indiferencia o voluntad cierta de realizar una acción a pesar de los inconvenientes (Vayas donde vayas, alguien te reconocerá. Digan lo que digan, no cambiaré de opinión) y ciertas estructuras fijas, habituales en la lengua: Como usted quiera. Como te parezca. Como tú digas. Que yo sepa. Que yo recuerde.

El hecho de que el modo subjuntivo no enuncie la acción del verbo como real y objetiva, sino dependiente de la subjetividad de quien se expresa, determina que sus  tiempos sean todos relativos y los nombres no se correspondan exactamente con sus significados: el presente escriba―, por ejemplo, también es futuro. Si decimos No pienso que Olga escriba bien, es evidente que el acto de ‘escribir’ se refiere al momento actual; sin embargo, si decimos: Espero que Olga escriba desde México, ese ‘escribir’ podría ser una acción presente o futura. El presente de subjuntivo suele depender de otro verbo en presente, pretérito perfecto o futuro: Quiero que escribas (he querido; querré; habré querido), pero también puede ser independiente y expresar deseo o duda: ¡Viva el rey! Tal vez no venga. En la lengua literaria, a veces se utiliza el presente de subjuntivo en oraciones subordinadas como sustitución del presente o futuro de indicativo a fin de añadir un matiz de incertidumbre o expectación: Los aplausos que arranquen (arrancarán) medirán su éxito. Desconozco si tengan (tienen, tendrán) agua en este país para apagar tanto incendio. Asimismo, el presente de subjuntivo sustituye al futuro de indicativo en oraciones temporales: Cuando estés en la playa, acuérdate de mí. Luego que salgas, cierras con llave.

El pretérito imperfecto, con sus dos formas ―escribiera y escribiese―, se corresponde con tres tiempos simples del indicativo: pretérito imperfecto, pretérito indefinido y condicional simple. La acción que enuncia puede ser presente, pasada o futura: Le exigí que llegara  ayer; le exigí que llegara hoy; le exigí que llegara pasado mañana. En cada caso, el sentido temporal quedará determinado por el contexto y la intención del enunciante. Debe tenerse en cuenta, además, que las dos formas del pretérito imperfecto no siempre son equivalentes. La forma -ra puede utilizarse a veces con el mismo sentido que el condicional: ¡Quién lo pensara de ella! significa lo mismo que ¡Quién lo pensaría de ella! No es admisible, sin embargo, ¡Quién lo pensase de ella! Puede emplearse además en fórmulas de cortesía: Quisiera hablar con usted. Aunque debilitada, se conserva en la literatura, pero no en la lengua hablaba, la antigua utilización de la forma -ra como equivalente del pluscuamperfecto de indicativo: La recordaba como aquella abogada estudiosa que lograra (había logrado) premio extraordinario tras defender la tesis. Pero el uso de la forma -ra en sustitución del pretérito indefinido de indicativo que a veces aparece también en textos literarios o periodísticos es ajena a la tradición de nuestra lengua y debe evitarse: Toda la prensa recoge la insólita rueda de prensa que ayer diera (mejor, dio) en Bruselas el president catalán cesado Puigdemont. En ambos casos, su uso se suele limitar a oraciones introducidas por un relativo. Cuando aparece en una oración no subordinada, el pretérito imperfecto, como el presente de subjuntivo, expresa un deseo cuyo cumplimiento es incierto o una duda hacia el pasado o el futuro: Ojalá aceptaran mi propuesta. Tal vez Ana cantara ayer. Mañana quizá ella no estuviese presente. Si se trata de oraciones subordinadas, el verbo en pretérito imperfecto de subjuntivo suele depender de otro verbo en pretérito indefinido, pretérito perfecto, pretérito anterior o pluscuamperfecto, o también de un condicional simple o compuesto: Te pedí (pedía, pediría, había pedido, habría pedido) que me llamaras o llamases.

El pretérito perfecto haya escrito― enuncia una acción acabada en un tiempo pasado o futuro: Lamenta que ella se haya marchado tan pronto (pasado); Deseo que se haya marchado cuando yo vuelva (futuro). Se corresponde con el pretérito perfecto y el futuro perfecto de indicativo, y en oraciones suele aparecer subordinado al presente y al futuro de indicativo: Me arriesgo a que haya incendiado la viña. Me arriesgaré a que haya incendiado la viña.

En el subjuntivo, el pretérito pluscuamperfecto ―hubiera o hubiese escrito― expresa las mismas relaciones temporales que el pluscuamperfecto y el condicional en el modo indicativo: una acción pasada respecto a otra también pasada: No recordaba que hubiera habido una inundación ese año. También sirve para formular un matiz de posibilidad en el pasado: Quién lo hubiese soñado entonces. De este último ejemplo se deduce que, a veces, el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo es intercambiable con el condicional compuesto: Quién lo habría soñado entonces. En oraciones, suele aparecer subordinado a un tiempo pasado de indicativo, un condicional simple o compuesto, u otro pluscuamperfecto con valor de condicional compuesto: Muchas nos  quejamos (quejábamos, habíamos quejado, quejaríamos, habríamos quejado, hubiéramos quejado) de que las hubieran expulsado.

El futuro imperfecto ―escribiere― enuncia una acción no acabada en presente o en futuro. Hoy solo se usa en la lengua literaria y en frases hechas conservadas en el habla coloquial: Sea lo que fuere. Venga de donde viniere. Adonde fueres, haz lo que vieres. Se conserva también en lenguaje jurídico arcaizante: El reglamento no tendrá efecto retroactivo si no se dispusiere lo contrario. Por último, se recurre al futuro perfecto hubiere escrito― para plantear una acción acabada en el futuro con relación a otra acción también futura: Si en un año no hubiere llegado el barco, denlo por naufragado. Los dos futuros de subjuntivo se utilizaron hasta el siglo xviii, aunque siempre limitados a oraciones de sentido condicional. En la actualidad, menos en escritos de carácter solemne y disposiciones oficiales, se sustituyen por el presente de indicativo o el presente de subjuntivo, en el caso del futuro imperfecto (si no se dispusiere, si no se dispone), o por el pretérito perfecto de indicativo, en el caso del futuro perfecto (si no hubiere llegado, si no ha llegado).

De lo expuesto sobre sus tiempos verbales, se desprende que en español el modo subjuntivo tiene un amplio uso en oraciones subordinadas. Y contra lo que se suele sostener, no siempre existen diferencias apreciables de significado cuando la construcción sintáctica permite elegir entre modo subjuntivo o indicativo: No sé si venga mañana Pedro frente a No sé si vendrá mañana Pedro. Sin embargo, las más de las veces la elección de modo determina el significado que se pretende transmitir: Ana no cree que Juan vino ayer (certeza), frente a Ana no cree que Juan viniera ayer (dudosa perspectiva).

Existe posibilidad de alternancia de modo en oraciones subordinadas sustantivas dependientes de verbos que expresan desconocimiento o incertidumbre (ignorar, desconocer, sospechar): Desconocía que había muerto ayer, frente a Desconocía que hubiera muerto ayer, o Sospecho que es más inteligente de lo que aparenta, frente a Sospecho que sea más inteligente de lo que aparenta. Puede asimismo existir alternancia de modos en oraciones dependientes de predicados negativos que expresan conocimiento (averiguar, creer, darse cuenta, notar, saber…) o de verbos de habla (comunicar, decir, indicar): No cree que es sincero, frente a No cree que sea sincero, o No dice que es sincero, frente a No dice que sea sincero. En oraciones interrogativas, estos mismos verbos mantienen la alternancia modal: ¿Crees que haya conseguido el trabajo? frente a ¿Crees que ha conseguido el trabajo? El uso del subjuntivo marca la distancia de quien se expresa acerca de la objetividad o certeza de la aseveración. El verbo parecer admite también alternancia de indicativo o subjuntivo en oraciones subordinadas en función de atributo: Parece que es miope, frente a Parece que sea miope, e incluso en construcciones negativas o interrogativas: No parece que es miope, frente a No parece que sea miope; ¿Te parece que Inés es miope? frente a ¿Te parece que Inés sea miope? En construcciones  de lo + adjetivo + es + que, se recurre al modo indicativo cuando se ofrece información nueva, y al subjuntivo, cuando se trata de información ya conocida: Lo bueno es que no necesitamos el crédito, frente a Lo bueno es que no necesitemos el crédito. Semejante doble opción modal admite la construcción eso de + oración subordinada: Eso de que canta ópera me interesa, frente a Eso de que cante ópera me interesa. Con verbos de percepción física o mental (imaginar, suponer, admitir, conceder, aceptar…) se puede usar modo indicativo o modo subjuntivo cuando en la oración principal hay un inductor negativo: No admito que roban casas, frente a No admito que roben casas o Pongamos que me declaro hoy, frente a Pongamos que me declare hoy. Por lo que respecta al verbo esperar, solo es posible la alternancia entre indicativo y subjuntivo cuando la acción del verbo de la oración subordinada es futura: Aurora espera que operarán a su hermana, frente a Aurora espera que operen a su hermana, o incluso Aurora espera que operaran a su hermana.

Sin embargo, verbos de valoración intelectual o emocional (gustar, angustiar, dar miedo o risa, sueño o asco, sentir, lamentar, alegrarse, sorprenderse), de deseo (querer, desear, preferir), de petición (pedir, rogar, solicitar), de mandato, permiso o prohibición (ordenar, exigir, dejar, conceder, permitir, prohibir, impedir), de consejo (aconsejar, advertir, recomendar) exigen modo subjuntivo en las oraciones subordinadas sustantivas introducidas por que: Me alegra que hayas venido. Lamentó que no estuviera presente. Te prohíbo que salgas hoy. Nos aconsejaron que nos vacunáramos pronto. No te impido que comas chocolate. Hay además un numeroso grupo de adjetivos de valoración intelectual o afectiva (absurdo, bello, curioso, extraordinario, fácil, justo, lógico, mejor, peligroso, preferible, útil…) que, al desempeñar la función de atributos, imponen el subjuntivo en la oración subordinada sustantiva de sujeto: Es absurdo que mientas tanto. Era curioso que comiera tan despacio. Es mejor que madruguemos todos. Por último, hay un número de verbos empleados para expresar posibilidad, necesidad o conveniencia que, en construcción impersonal con una oración subordinada sustantiva, exigen el modo subjuntivo: Puede que nieve. Falta que lleguen. Costará que lo comprenda. Conviene que saludes a todos.

Por lo que respecta a las oraciones subordinadas adjetivas (las de relativo), se recurre al verbo en modo subjuntivo en las especificativas cuando se desea expresar cierto matiz de desconocimiento o incertidumbre, esto es, falta de aserción: Te regalaré el libro que sea más caro, frente a Te regalaré el libro que es más caro; Ella firma todos los documentos que le entregan, frente a Ella firma todos los documentos que le entreguen. Es obligatorio el modo subjuntivo en las oraciones de relativo especificativas cuando el antecedente es negativo o de exclusión y cuando el verbo de la oración principal expresa exigencia, mandato o deseo: No hay gatos que tengan cinco patas. Apenas existen películas que se ocupen de ese asunto. Compraremos una casa que tenga jardín. Se solicita cantante que hable francés. Pueden venir los que quieran. En el caso de las oraciones de relativo en contextos comparativos de modo, esto es, en construcciones en las que el antecedente va precedido por el adverbio como, puede existir alternancia entre indicativo y subjuntivo cuando la comparación manifiesta cierto matiz metafórico o ponderativo: Andrés reaccionó como un hombre que se hubiera vuelto loco, frente a Andrés reaccionó como un hombre que se había vuelto loco; Lloro como una madre que haya perdido a su hijo, frente a Lloro como una madre que ha perdido a su hijo. Un comportamiento modal semejante se observa en las oraciones relativas especificativas dependientes de verbos cuyo significado presenta matiz comparativo: Parecía una momia que hubiera salido de su sarcófago, frente a Parecía una momia que había salido de su sarcófago. Se le antojaba una rana que reinara en su charca, frente a Se le antojaba una rana que reinaba en su charca. En lo tocante a las construcciones en las que la oración de relativo está sujeta a un superlativo relativo (mejor/peor; mayor/menor; más que/menos que; máximo/mínimo o primero/último; único o principal), existe alternancia de modo indicativo o subjuntivo dependiendo de la concreción o restricción que se pretenda establecer con la oración relativa: las posibilidades de recurrir al subjuntivo frente al indicativo aumentan a medida que se amplía o se vuelve menos específico el ámbito de comparación: Es el árbol más alto que puedes contemplar, frente a Es el árbol más alto que puedas contemplar. El verbo poder otorga a la oración de relativo un valor eventual y universaliza la comparación. En cambio, no es posible la alternancia de modos en oraciones como Es la primera profesora que nos está  (y no esté) enseñando teoría del feminismo o Me regaló el peor vestido que tenía (y no tuviera) en su armario. Ciertos adverbios y locuciones adverbiales (en todo el mundo; nunca; jamás; en mi/su vida…) actúan como globalizadores y pueden aparecer en correlación con el subjuntivo: Isla de Pascua es el lugar más mágico que exista en el mundo entero, frente a Isla de Pascua es el lugar más mágico que existe en el mundo entero. Este es el libro más largo que jamás haya leído, frente a Este es el libro más largo que jamás he leído.

En la gramática clásica se recoge un tipo de oración de relativo particular, llamada ‘relativa final’, que se caracteriza por expresar el efecto que se pretende conseguir con lo enunciado en la oración principal o por el antecedente de la relativa. Este antecedente suele ser indefinido (nada, nadie, algo, alguien…) o no aparecer, y el verbo de la oración principal con frecuencia expresa posesión o existencia, adquisición, transmisión o voluntad (tener, haber, comprar, obtener, dar, querer, buscar…): No tiene quien la quiera. Nada habrá que me sujete. Nos dará unos libros que nos entretengan. Buscaré algo que nos ayude a salir. En alguno de los ejemplos citados, se podría emplear el modo indicativo, pero se perdería el matiz de finalidad que se consigue con el subjuntivo: Nos dará unos libros que nos entretienen. En este caso, con el indicativo se designa un hecho real, un contenido verdadero que se limita a complementar al antecedente (libros).       

Pasando ahora a las oraciones subordinadas adverbiales, se puede afirmar de este amplio conjunto (temporales, locativas, modales, comparativas, concesivas, causales, consecutivas, finales, condicionales) que, como norma general, es la conjunción o locución conjuntiva introductora la que impone el modo verbal. Muchas de ellas no admiten más que un modo verbal, pero otras se prestan al empleo de indicativo o subjuntivo: Había querido verme antes de que terminara la semana. Julia le saludó de manera que no llamara/llamó la atención de nadie. Además, como en el resto de las oraciones analizadas, el uso de indicativo o subjuntivo está sujeto al grado de asertividad que quien se expresa otorga a lo expresado en la subordinada adverbial. Las oraciones temporales  (introducidas por cuando, a medida que, antes de que, apenas, así que, en cuanto, hasta que, luego que, mientras…) recurren siempre al modo subjuntivo cuando lo que se expresa en la subordinada va a ocurrir en el futuro: Te lo diré cuando vengas, frente a Te lo dije cuando viniste. Se lo encontrará apenas llegue, frente a Se lo encontró apenas llegó. Ana escuchaba música mientras la niña dormía, frente a Ana escuchará música mientras la niña duerma. Habríamos avisado así que hubiéramos llegado, frente a Habíamos avisado así que hubimos llegado. Las oraciones locativas (introducidas por donde), las modales (introducidas por como, conforme, según, tal y como…) y, dentro de las comparativas, las estructuras denominadas proporcionales  (cuanto, su femenino y sus plurales + más/menos + sustantivo/adjetivo/adverbio + más/menos) se construyen siempre con modo subjuntivo cuando el tiempo de referencia es el futuro: Como donde es más barato, frente a Comeré donde sea más barato. Lo hicimos como tú dijiste, frente a Lo haremos como tú digas. Cuanto menos trabajes, más te endeudarás, frente a Cuanto menos trabajas, más te endeudas. Cuantas más casas vendas, mejor le irá a la empresa, frente a Cuantas más casas vendiste, mejor le fue a la empresa. Por lo que atañe a las oraciones concesivas (introducidas por aunque, a pesar de que, aun cuando, por mucho que, por más que, pese a que…), predomina el modo indicativo cuando se cumple lo enunciado en el verbo de la oración principal a pesar de lo indicado en el verbo de la subordinada: Aunque duermo poco, no estoy cansada. Cuando se añade un matiz de subjetividad que reduce la asertividad en presente, futuro o pasado, aparece el modo subjuntivo: Aunque haya dormido poco, no estoy cansada. Aunque duerma poco, no estaré cansada. Aunque hubiera dormido poco, no estaría cansada. Algunas locuciones conjuntivas se emplean primordialmente con modo subjuntivo: Por mucho que coma no engorda. Por más que madruguemos siempre llegamos tarde. Las oraciones causales (introducidas por porque, a causa de que, como, en vista de que, pues, puesto que, ya que…) suelen requerir  modo indicativo, a no ser que exista negación en el verbo o aparezca un matiz de probabilidad o incertidumbre: Tú te lo comes porque te gusta, frente a Tú no te lo comes porque te guste. Como caben los zapatos, no necesito más cajas, frente a Como no quepan los zapatos, necesitaré más cajas. Semejante a las causales con negación en sentido y empleo de modo subjuntivo sería la construcción  con es que duplicado: No es que me guste, es que me encanta. No es que Ana esté muy delgada, es que está esquelética. En cuanto a las oraciones consecutivas (introducidas por así que, pues, conque, luego, por tanto, de modo/manera/forma que…), emplean en general el modo indicativo: Llegaré tarde, así que no puedo esperarte. Pienso, luego existo. Hay que terminar en una hora, conque tenemos que correr. Sin embargo, cuando la oración consecutiva está introducida por un nexo del tipo de ahí/aquí que, se emplea mayoritariamente el modo subjuntivo: Sus primas no vinieron a su boda; de ahí que se enfadara con ellas. Este territorio fue colonizado por los franceses, de aquí que sus habitantes hablen francés. Las oraciones finales (introducidas por para que, que, a que, a fin de que, con objeto de que, de forma que…) utilizan siempre modo subjuntivo: Me invitaron para que conociera a Alba. Ven que te peine. Iremos a  que  nos devuelva el paraguas. Por último, las oraciones condicionales (introducidas por si, pero también por a condición de que, a no ser que, como, con que, con tal que, siempre que…) se construyen en subjuntivo o indicativo dependiendo de la conjunción o locución conjuntiva escogida. La más común, la conjunción si, admite, según el contexto, ambos modos, indicativo y subjuntivo (Si me llamas, voy. Si me llamaras, iría. Si me hubieras llamado, habría ido), mientras que las restantes imponen el subjuntivo, sea en enunciados afirmativos o negativos: Te acompañaré a condición de que me esperes. Todo se soluciona con tal que tengamos salud. Habría ido a la playa contigo siempre que no hubiera llovido. Nos despedirán a no ser que cumplamos los objetivos. Es suficiente con que nos pongamos de acuerdo en eso. Como me toque la lotería, me compro un avión.

Volvamos ahora al titular de periódico citado al comienzo, «Eduardo Mendoza lamenta que la situación catalana “es un lío que por fuerza tiene que acabar mal”». Para analizarlo, hay que tener en cuenta ante todo dos supuestos: 1) El verbo lamenta de la oración principal impone modo subjuntivo en el verbo de la oración subordinada sustantiva. 2) Las comillas indican que se trata de una cita textual.  ¿Por qué se ha usado, entonces, un modo indicativo que no parece desafinar  a la vista (o al oído) si no se presta atención? La doble subordinación, esto es, el hecho de que se sucedan las oraciones introducidas por que, y las comillas de estilo directo explican que se haya diluido la percepción acerca de la necesidad del modo subjuntivo. Sin embargo, la redacción es muy mejorable. Una opción, en estilo directo estricto, sería: «Eduardo Mendoza lamenta sobre la situación catalana: “Es un lío que por fuerza tiene que acabar mal”».  Otra posibilidad, elidiendo dos verbos introductores, sería: «Eduardo Mendoza, sobre la situación catalana: “Un lío que por fuerza tiene que acabar mal”».  Mucho peor redacción por la repetición cacofónica de que sería una corrección para adecuar a la gramática normativa y el estilo indirecto el titular tal como se ha compuesto: «Eduardo Mendoza lamenta que la situación catalana  sea “un lío que por fuerza tiene [tenga] que acabar mal”».

Termino con un epitafio en latín que aparece en antiguas tumbas romanas, tanto abreviado como en palabras completas (a veces separadas con punto, tal como se fue imponiendo en la scriptura continua a fin de marcar los límites entre ellas y facilitar la lectura): Te rogo praeteriens dicas sit tibi terra levis. Traducido a nuestra lengua, significa, con dos espléndidos subjuntivos: «Paseante, te ruego que digas: La tierra te sea leve».


La lengua destrabada
Si te interesan los asuntos de lengua y escritura, te invito a leer La lengua destrabada. Manual de escritura, publicado por Marcial Pons (Madrid, 2017). Clica en este enlace para entrar en la página de la editorial, donde encontrarás la presentación del libro y este pdf, que recoge las páginas preliminares, el índice y la introducción completa.